Macroeconomía

Inflación, salario real y poder de compra en 2024

Con una inflación acumulada del 5,1 % y ajustes salariales promedio del 4,7 % en doce meses, los hogares del primer quintil enfrentan una pérdida real de capacidad adquisitiva.

Mercado uruguayo con etiquetas de precios en góndolas

El Índice de Precios al Consumo acumuló una variación del 5,1 % en los doce meses cerrados en junio de 2024, según los datos publicados por el INE. En el mismo período, el Índice Medio de Salarios nominal registró un aumento promedio del 4,7 %, lo que implica una pérdida de salario real del orden de 0,4 puntos porcentuales en términos anualizados. Para el promedio de los trabajadores formales del sector privado, esa diferencia es marginal. Pero cuando se desagrega por quintil de ingreso y por canasta de consumo específica, el resultado es sustancialmente distinto. El IPC general refleja una canasta de consumo promedio que incluye rubros como turismo, electrónica y servicios financieros, que tienen un peso muy bajo en el gasto de los hogares del primer quintil. Para estos hogares, la canasta relevante está dominada por alimentos, transporte público y alquiler. En 2024, los alimentos registraron una inflación del 7,3 %, el transporte urbano subió un 8,1 % y el rubro alquileres acumuló un 9,2 % de variación. Si se construye una canasta representativa del gasto de los hogares del primer quintil con esos pesos relativos, la inflación efectiva que enfrentaron no fue del 5,1 % sino de aproximadamente el 8,2 %. La brecha de 3,1 puntos respecto al IPC general no es un error estadístico: es una consecuencia directa de que la canasta de referencia del IPC no representa el patrón de gasto de los hogares de menores ingresos.

Por qué los Consejos de Salarios no resuelven el problema

El sistema de Consejos de Salarios, que en Uruguay fija incrementos salariales por convenio colectivo por rama de actividad, utiliza el IPC general como referencia para las negociaciones. Esto significa que los sectores que negocian con base en el 5,1 % acumulado están, en la práctica, pactando una pérdida de poder de compra para sus trabajadores de menores ingresos, que enfrentaron una inflación efectiva cercana al 8,2 %. El problema estructural es que el sistema no diferencia por tramo de ingreso dentro de cada sector. Un trabajador del comercio minorista que gana el salario mínimo y uno que gana tres veces el mínimo reciben el mismo porcentaje de ajuste, aunque el primero destinó una fracción mucho mayor de su ingreso a los rubros que más subieron. Esta limitación del sistema de negociación colectiva es conocida por los técnicos del Ministerio de Trabajo, y hay propuestas académicas —algunas del IECON de la Facultad de Ciencias Económicas— que plantean mecanismos de ajuste diferenciado. Beaconareport describe esta discrepancia con base en los datos disponibles; la evaluación de las alternativas de política corresponde a la deliberación política y técnica, no a la cobertura periodística.